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martes, 24 de noviembre de 2015

Catástrofes, medios y redes sociales

Cuando ocurre algún desastre de gran magnitud (catástrofes naturales, atentados, etc.), obtener información precisa sobre lo ocurrido no suele ser sencillo. En ocasiones los servicios telefónicos no llegan o se colapsan, con centenares de personas intentando contactar con sus seres queridos. En las redacciones de los medios, al darse este tipo de sucesos de improviso, no siempre hay profesionales suficientes para lograr una buena cobertura de los hechos.

En definitiva, por los medios tradicionales es difícil mantener la comunicación y difundir información. Por ello, la tendencia es recurrir a internet y, especialmente, a las redes sociales. Éstas no sólo permiten comprobar si las personas afectadas están a salvo, sino que se convierten en un auténtico canal de información: los testigos comparten sus experiencias, se difunden imágenes y vídeos de lo que ocurre, los propios periodistas informan en sus cuentas de Twitter…

Por supuesto, los medios también ofrecen seguimiento online de la situación, porque la difusión y actualización de los contenidos es inmediata y porque este canal permite además incorporar imágenes, a diferencia de la radio. Y, en muchas ocasiones, se valen de lo que se publica en las redes sociales para añadir información. Ahí es donde empieza el problema.

Al informar minuto a minuto, el tiempo para contrastar informaciones es más bien escaso. Y en las redes sociales, no todo lo que sale a la luz en un momento de emergencia es veraz. Se generan rumores, se comparten imágenes que no corresponden con la realidad (es decir, tomadas en otro momento o lugar), se emiten juicios de valor… Todo eso no puede pasar sin filtro y difundirse como verdad. Algunos medios optan por no emitir la información hasta haberla contrastado adecuadamente, otros apostillan que hay rumores sin confirmar y otros se arriesgan y lo publican tal cual.

Contrastar la información no sólo es parte del trabajo del periodista, sino que es una de sus funciones primordiales. Y es más importante aún su responsabilidad en momentos de emergencia, puesto que el mundo entero (y especialmente las personas afectadas) se vuelve hacia ellos.

martes, 29 de septiembre de 2015

Cuestión de perspectiva

Las imágenes son evidencias. En una información, las palabras se escogen para contar los hechos de una determinada manera. El enfoque puede estar contaminado por la ideología del periodista o del medio. Pero las imágenes… fotos trucadas y Photoshop aparte, las imágenes nos muestran lo que ha pasado. No nos lo está contando un intermediario, no es una interpretación de los hechos, sino que lo estamos viendo con nuestros propios ojos. Una imagen, no estando trucada, no nos puede engañar. ¿O sí?

Por poner un ejemplo reciente: un padre con su hijo a cuestas huye de la policía, corriendo tan desesperadamente que se tropieza y cae el suelo. Ahora bien, la cosa cambia cuando la cámara se aleja y vemos que ese hombre está en el suelo porque una reportera le ha puesto la zancadilla. Es decir, la realidad visible es que el hombre ha caído, pero eso no es noticia; lo que hay que comprender, el valor informativo, es por qué ha caído. Para ello es necesario conocer el contexto, que es, precisamente, lo que depende de la perspectiva de la cámara.

Fuente: cibersurvenezuela.blogspot.com.es



El fotógrafo, o el operario de cámara, decide dónde se coloca, a qué enfoca, qué deja fuera de la imagen, qué momento exacto muestra. No con la intención de manipular (aunque también se puede dar el caso), sino porque simplemente es imposible mostrarlo todo. Así pues, las imágenes también se construyen: una imagen no es la realidad, sino una representación de una parte de la realidad. Se podrían hacer multitud de representaciones diferentes.

En su artículo Fotografías que mienten, Borja Ventura muestra y explica diversas ocasiones en las que algunas imágenes muestran una versión de la realidad un tanto parcial. Desde tocar la fibra sensible del espectador mostrando tragedias que no son tales, hasta relacionar el terrorismo con una manifestación que nada tenía que ver con ello, todo es posible si se elige el enfoque adecuado.